s√°bado 18 de septiembre de 2021 ūüēí 07:13:38

LA MATANZA: REFLEXIONES DE UN JOVEN RAMENSE

Mi reflexión no está cargada de bronca sino que es una inquietud que me nace a raíz de analizar situaciones cotidianas

Por Santiago Tuli√†n. Existen personas convencidas que ante la observaci√≥n de peque√Īos comportamientos por parte de una sociedad es posible generar una conclusi√≥n sobre c√≥mo vive esa comunidad y por qu√©. Plantearlo en estos t√©rminos lo convierte en flanco f√°cil para el an√°lisis cient√≠fico, ya que se trata de una afirmaci√≥n falaz: una conducta que genera un determinado resultado no es par√°metro suficiente para establecer semejante deducci√≥n.

Hago esta aclaraci√≥n para sincerarme con el lector y anticiparle que mi reflexi√≥n es una mera apreciaci√≥n personal carente de sustento l√≥gico (planteado en t√©rminos cient√≠ficos). Ello no significa que la interpretaci√≥n sea vaga, imprecisa y poco trabajada, no pretendo hablar del ‚Äúsexo de los √°ngeles‚ÄĚ, sino que se trata de una visi√≥n personal no compatible con los est√°ndares que impone la ciencia.

Observando lo cotidiano desde mi lugar privilegiado, siempre me preocup√≥ la creciente pobreza en mi pa√≠s. Esa inquietud se agudizaba ante la reflexi√≥n sobre dos escenarios: la conciencia de que la Argentina produce alimentos para cubrir las necesidades de alrededor de diez veces su propia poblaci√≥n, y la tristeza de saber que en un determinado momento hist√≥rico fuimos un pa√≠s con √≠ndices de pobreza cuyo porcentaje no llegaba al seis por ciento. Esta situaci√≥n me generaba sentimientos desencontrados, por un lado, sent√≠a culpa al no encontrarme en un escenario desventajoso y, por el otro, bronca e indignaci√≥n ante la inoperancia de la clase pol√≠tica, incapaz de revertir esta realidad. Tambi√©n me inquietaba bastante lo desentendidas que se encontraban muchas personas ante catastr√≥fico escenario. Me preguntaba, ¬Ņc√≥mo puede ser que haya gente ‚Äúprivilegiada‚ÄĚ que no se preocupe por la realidad que le toca vivir a millones de compatriotas? Era un pensamiento recurrente, idea que no solo fue mutando sino que pr√°cticamente se invirti√≥: pas√© del enojo a la admiraci√≥n hacia estas personas, puesto que su √ļnica preocupaci√≥n radicaba en encontrar la mejor manera para disfrutar de su vida. Una excelente filosof√≠a, realmente me gust√≥ esa concepci√≥n y por ello decid√≠ imitarla. Con el correr del tiempo, y a pesar de este nuevo enfoque de orientar las acciones hacia donde el deseo manda como nuevo paradigma de vida, entend√≠ que indefectiblemente mi voluntad se inclinaba en colaborar de alguna manera para la construcci√≥n de una naci√≥n m√°s igualitaria, libre y fraterna. Es decir, no pude escaparle a este compromiso c√≠vico, indudablemente es lo que me gusta y apasiona, pero fue importante cambiar la motivaci√≥n que impulsa a mis acciones as√≠ como abrir la cabeza para entender que nada est√° predestinado a ser y que este deseo puede ir cambiando a lo largo de los a√Īos.

Ventilada la vivencia personal, paso a comentarles la reflexi√≥n que me nace a ra√≠z de analizar peque√Īos comportamientos de nuestra sociedad y, de esa forma, tratar de comprender por qu√© creo que tenemos materia prima como para ser una naci√≥n prospera pero que hace largos a√Īos venimos emprendiendo un sendero hacia el sub-desarrollo.

Cuando camino por las calles de Ramos Mej√≠a casi siempre lo hago mientras elaboro alg√ļn pensamiento. Aprovecho la caminata y el aire fresco de mi hogar para reflexionar ideas que vengo gestando durante algunos d√≠as. Circular en las calles me genera una suerte de retroalimentaci√≥n en donde la observaci√≥n del comportamiento de mis vecinos refuerza o refuta mis ideas. Donde m√°s me concentro y mayores conclusiones realizo es al momento de analizar sus conductas en las popularmente denominadas ‚Äúbarreras‚ÄĚ. Observar el comportamiento de los veh√≠culos ante estos pasajes entre una calle y la otra, con el latente riesgo de que el paso del tren pueda provocar un accidente, es lo que me permite reafirmar mi idea preexistente sobre nuestro problema como sociedad. La falta de tolerancia por parte de los autos provenientes de las avenidas, quienes tienen la obligaci√≥n de esperar que el veh√≠culo que est√° cruzando la barrera pase, sumado a quienes no tienen tapujos en cruzar dicho paso nivel en contra mano, son el fiel reflejo de la incapacidad de auto-gobernarnos que tenemos. Estas acciones incompatibles con una armoniosa convivencia entre la comunidad, son inherentes a todas las clases sociales; esto es, quienes cometen estas faltas lo hacen utilizando autos de alta, media y baja gama. Si bien tener un buen auto o dinero en general no son sin√≥nimos de poseer una buena educaci√≥n en un sentido integral, desgraciadamente la estad√≠stica nos lleva a asumir que quien tuvo las necesidades cubiertas tambi√©n pudo recibir formaci√≥n acad√©mica, ecuaci√≥n que resulta m√°s dif√≠cil de corroborar con quien se vio privado, cuanto menos, de lo alimenticio. No es un pensamiento personal sino una triste descripci√≥n de los hechos. En ese orden de ideas e influido con el pensamiento de la ‚Äúilustraci√≥n‚ÄĚ, entiendo que es m√°s esperable una conducta de ese tipo en quien no tuvo la posibilidad de recibir educaci√≥n que de quien s√≠, justamente porque en ese caso no existi√≥ una entidad que le haya ense√Īado a la persona hacer un mayor uso de la raz√≥n. Por ello, una de las funciones del Estado debe ser la instrucci√≥n de quien se vio privado de las luces del conocimiento para que tenga plena libertad (vale aclarar que se trata de una inducci√≥n realizada a ra√≠z de entender que la educaci√≥n cumple un rol liberador, no es una conclusi√≥n). Por lo tanto, si quien obtuvo formaci√≥n act√ļa a sabiendas de que sus conductas implican generar un conflicto con sus conciudadanos es debido a su negaci√≥n a hacer un uso integral de la raz√≥n, pues se comete el error de esperar la existencia de un Estado paternalista (o maternal) que est√© permanentemente se√Īalando qu√© es lo que se debe hacer y cu√°les son los l√≠mites, puesto que no se es capaz de establecer un criterio pseudo objetivo- siempre orientado en la ley- que determine hasta qu√© punto es conveniente realizar una conducta para no perjudicar al pr√≥jimo. Si el l√≠mite √ļltimo es la imposici√≥n de la firmeza de la ley en su sentido m√°s duro y estricto, es porque hubo una falla en el uso de la raz√≥n de la persona que no le permiti√≥ generar una suerte de auto conciencia basada, no en criterios morales, sino en la imperiosa necesidad de actuar de una forma en la que todos nos podamos beneficiar. Si a trav√©s del uso de la raz√≥n determinamos que quien cruza la barrera tiene paso, que no debemos cruzar a contra mano, que los autos no deben circular cuando el sem√°foro se encuentra en rojo, y para cumplir con estos acuerdos que creamos- pues se trata de construcciones que hacemos, no son ‚Äúnaturales‚ÄĚ- necesitamos de una autoridad que nos lo imponga en su sentido m√°s crudo, es porque fallamos como ciudadanos.

Mi reflexi√≥n no est√° cargada de bronca sino que es una inquietud que me nace a ra√≠z de analizar situaciones cotidianas. Soy consciente que al realizar un planteamiento de estas caracter√≠sticas puedo pecar de pedante, pues alguien podr√≠a decirme que me ‚Äúelevo‚ÄĚ hasta un nivel en donde ser√≠a el √ļnico capaz de indicar que conductas se deben hacer y cu√°les no; pero, justamente, mi visi√≥n es contraria a eso: no pretendo arrogarme la autoridad para determinar qu√© se debe hacer y qu√© no, sino que mi prop√≥sito, influenciado por algunos preceptos Kantianos, es generar un impacto en las personas para obrar siempre en pos de ayudar al conciudadano; para evitar que alguien nos tenga que decir, cual ni√Īos, qu√© debemos hacer y qu√© no, sino que podamos ponernos de acuerdo pensando que quiz√° lo que es mejor para uno muchas veces es lo mejor para mi vecino.

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