jueves 16 de septiembre de 2021 🕒 22:35:52

PASCUAS: Un recuerdo justo

Producido por el Diputado Provincial Juan Carlos Piriz. El 2 de abril del 2005, fiel a los mandatos divinos, y cumpliendo con su promesa de continuar hasta sus últimos días con el Pontificado, fallecía a los 84 años de edad Juan Pablo II.

“El Santo Padre ha muerto esta noche a las 21.37 (hora italiana) en su apartamento privado”, así lo anunciaba el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls.

La acción de Juan Pablo II fue guiada por una fe inquebrantable y sostenida y por un carácter “decidido y tenaz”, que hicieron que su largo pontificado gravitara en la tumultuosa marcha de un mundo en la transición entre dos siglos.

El polaco Karol Wojtyla, primer papa eslavo de la historia, gobernó la Iglesia Católica durante casi 30 años, la hizo entrar en el tercer milenio y quedó en los anales de la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI por su carisma, su estilo y sus ideas.

Los últimos años de su vida fueron un largo y doloroso combate contra la enfermedad y la decrepitud. Pero el anciano papa, había sido al comienzo de su mandato un hombre pleno de fuerza y un vigoroso deportista que gustaba contactarse con la gente.

Desde el inicio de su pontificado, Juan Pablo II imprimió su marca particular. Su elección al trono de San Pedro, el 16 de octubre de 1978, cuando tenía 58 años, se produjo tras dos días de cónclave y constituyó toda una sorpresa ya que su nombre no figuraba entre los favoritos.

Primer pontífice extranjero después de cuatro siglos y medio de monopolio italiano, el nuevo papa se enfrentó muy pronto a la Curia romana, enviando al museo de antigüedades la silla gestatoria utilizada por sus antecesores para mostrarse en público, se puso a nivel de la calle y de las multitudes, sonriendo, dejándose tocar, y alzando a los niños en sus brazos.

El Vaticano y la Plaza de San Pedro pronto le quedaron pequeños al Sumo Pontífice, que salió por el mundo a encontrarse con los fieles. El “Papa peregrino”, como lo bautizaron los católicos, recorrió más de un millón de kilómetros en un centenar de viajes al exterior, y permitió que la blanca imagen del pontífice concentrara una cobertura mediática nunca vista con anterioridad.

Su carisma era evidente. El joven Wojtyla había sido un apasionado del teatro y, de ese pasado, Juan Pablo II había conservado un gran sentido del auditorio, al punto que cuando se dirigía a las multitudes, cada uno tenía el sentimiento de que el Papa les estaba hablando personalmente.

El éxito fue inmediato, en particular en América Latina, donde los medios de comunicación, particularmente inventivos, lo llamaron “el atleta de Dios”, el “caminante del Evangelio”, el “Papa peregrino”.

Poeta, filósofo, políglota y deportista, Juan Pablo II, en su prolongado mandato, uno de los más largos de la historia de la Iglesia, superó numerosas marcas: no sólo fue el pontífice más viajero, sino también el que proclamó más santos y beatos, de todos los tiempos y de todos los orígenes.

Aunque Juan Pablo II no era muy grande en cuanto a estatura física, pues medía apenas 1m76, los fotógrafos lo convirtieron en un gigante desde los años iniciales de su reino.

Esa imagen imponente perduró hasta el 13 de mayo de 1981, día de la Virgen de Fátima, en que el extremista de derecha turco, Mehmed Ali Agca, le disparó tres balazos en plena Plaza de San Pedro.

El Papa se salvó milagrosamente, pero desde entonces comenzó a sufrir problemas de salud: además de las dificultades que tuvo para recuperarse de las heridas de bala que sufrió en el estómago y en una mano, padeció luego un cáncer de intestino, la fractura del fémur y de un hombro, y desde los años 90 tuvo que aprender a convivir con la enfermedad de Parkinson.

Esto no impidió que a fines de los años 80 su actuación en Polonia y su influencia en los acontecimientos que se producían en el ex bloque comunista contribuyeran de modo considerable a la caída de los regímenes de Europa del Este, según coinciden numerosos historiadores.

Más de una década después, y pese a su implacable deterioro físico, en marzo de 2003 Juan Pablo II se opuso con todas sus fuerzas y autoridad a la guerra de los Estados Unidos contra Irak. En esa misión evidenció la misma determinación que había mostrado al inicio de su pontificado para mediar entre la Argentina y Chile cuando se encontraban al borde del enfrentamiento. Idéntica energía desplegó para aislar y neutralizar a los defensores de la Teología de la Liberación, en América Latina, y para alentar el desarrollo de la influencia de movimientos ultra-conservadores, como el Opus Dei, que llegaron a ocupar un lugar influyente en el Vaticano.

Entre los temas capitales que ha abordado en sus encíclicas y en sus numerosos discursos y ensayos están la protección de la vida humana desde antes del nacimiento y la reafirmación de los principios tradicionales de la Iglesia católica en el campo de la moral sexual, sin olvidar la reconciliación con los judíos y la búsqueda de un diálogo con todas las iglesias.

Vaya con este recuerdo, mi homenaje y acompañamiento a toda la comunidad católica, al conmemorase mañana 2 de abril un lustro del aniversario del fallecimiento Karol Wojtyla, más conocido como el Sumo Pontífice , su Santidad Juan Pablo II. Y aprovecho la oportunidad para desearles que pasen unas “Felices Pascuas”

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