lunes 22 de julio de 2024 20:20:42

LA FRACTURA DEL PERONISMO K ESTA A LA VUELTA DE LA ESQUINA Y ARDE LA INTERNA BONAERENSE

Por la ruptura del “cordobesismo” con el gobierno de Javier Milei, el peronismo prolijo tiene un nuevo centro convocante. La pelea entre el interior y el AMBA se replica al igual que con las tarifas

Todos se sienten parte de algo que saben que no sirve nada más que para permanecer. No tienen ni expectativas de crecimiento ni esperanzas de una renovación. No hay síntomas de que aparezca un Antonio Cafiero como en 1985 o Sergio Massa casi treinta años después.

Ambos fueron producto de procesos en el que el peronismo había perdido toda expectativa de retomar el poder o cuando un proceso político como el kirchnerista, ante la decadencia inevitable, empezaba a tildar a toda persona que expusiera una crítica como un traidor. “Llega un momento en que los que estamos afuera somos mucho más de lo que se sienten adentro”, recordaba días atrás “el orfebre” que aún transita por los lugares preservados para el poder territorial bonaerense.

“El tema es que alguien se anime”, dice siempre un conservador peronista. Alberto Descalzo, Juan José Mussi y Julio Pereyra, considerados cariñosamente como “el consejo de los mayores”, empieza a fastidiarse por ser escuchado pero no entendidos. Hablan con Cristina Fernández de Kirchner, su hijo Máximo, con Axel Kicillof y con la mayoría de sus pares intendentes y con gobernadores que los conocen desde hace mucho tiempo. “Te dicen que sí, que es por ahí, pero terminas de charlar y vuelven con sus cuestiones personales”, se quejan.

Hace quince días, Mario Ishii saltó de furia con la designación de Gabriel Katopodis al frente del Ministerio de Infraestructura provincial. Lo hizo a pesar que el exintendente de General San Martín había sido nombrado cuando Kicillof alumbró su nuevo gabinete, con el sigiloso Carlos “Carli” Bianco” como eje central.

“Equipo que gana no se cambia. Y Katopodis es un perdedor del gobierno nacional”, disparó y agregó: “No quiero que se empañe la extraordinaria gestión de nuestro gobernador. Nos encontramos ahora conque en el Ministerio de Infraestructura se resguardaron la rosca de los perdedores”.

Eran momentos en los que Ishii, intendente invicto de José C, Paz, pugnaba por colocar al reemplazante de Leonardo Nardini o, al menos, quedarse con la casi autárquica dirección general de Vialidad. Finalmente, Katopodis tuvo que darle a uno de los principales referentes del pacense, Ronny Caggiano, el área reclamada.

Otro jefe comunal que ya no oculta su sensación de paria es Julio Zamora. Sabe que, tarde o temprano, Massa querrá vengar la durísima derrota que le propinó en Tigre. Si bien en la última sesión en el que se trató el presupuesto municipal los concejales de Malena Galmarini de Massa votaron junto con los suyos, todos saben que esto es un minuto a minuto.

Kicillof, que no conduce sino que acomoda con cargos que luego las circunstancias o la picardía se encargan de vaciar, tiene un límite ahí. Máximo y Massa son hoy una pareja política que trabajan codo a codo. La confianza entre ambos es extrema. El gobernador la sufre, pero trata de sortearla haciendo que conduce todo el proceso y con el invalorable apoyo de la expresidenta y vice de la Nación.

Que ayer haya tenido que aparecer la Federación Argentina de Municipios que preside el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, es todo un símbolo. Con los peronismos nacional y provincial sin conducción o con las mismas muy discutidas, (recordar que Alberto Fernández no renunció al PJ nacional) es un síntoma inequívoco de la ausencia de una voz institucional que pueda emitir un documento.

La FAM, que no se juntaba desde hace cuatro años, cuando discutió la continuidad o no de Espinoza en los albores del nonato albertismo, puede hacer un documento sin tener la autorización de los máximos dirigentes peronistas kirchneristas. Los gobernadores y los intendentes están mirando su propio juego y porvenir.

“Desafíos del peronismo de hoy: no hay plan programático para resolver este quilombo. No hicimos autocrítica (me incluyo) No tenemos proyecto nacional. Tenemos sólo del AMBA, y no todo el AMBA”, dijo, entre otras consideraciones Juan Cabandié, quien concluyó: “Si seguimos así nos gana Myriam B”.

Efectivamente, este es el otro enfoque del cual MDZ viene advirtiendo cuando relata charlas en estricto off de intendentes y gobernadores que no quieren ser los primeros en decir “el rey está desnudo”.

El corrimiento de Martin Llaryora y el “cordobesismo” del gobierno anarco libertario de Javier Milei amenaza con captar eso que Cabandié notifica como el “peronismo del AMBA”, es decir, el área metropolitana de Buenos Aires. Y más precisamente, a la zona sur oeste del conurbano, donde Martin Insaurralde, desde Lomas de Zamora, dominaba todo el panorama hasta que sucedió lo de “el bandido”.

Insaurralde perdió un socio calificado y de extrema confianza como Mariano Cascallares, que se despegó de su antiguo jefe y amigo. Cascallares, con Guido Lorenzino, el aún Defensor del Pueblo bonaerense, conectaba con Gabriel Katopodis cuando las relaciones se tensaban con el lomense.  A todo esto hay que sumarle el portazo de Jorge Ferraresi al Instituto Patria por querer armar su propio proyecto provincial al amparo de Kicillof y en contra del hijo de los dos presidentes.

Otro lomense, que aún no dijo nada, ya está dedicándose a pensar qué hacer en este momento bisagra del país. Fernando Chino Navarro se despidió, en silencio, del Movimiento Evita. Emilio Pérsico tiene otra mirada para este presente tan caliente en materia social y si bien no quieren empujar ninguna crisis, la falta de comida es angustiante.

“Es lógico que el gobierno no pueda hacer una licitación para comprar alimentos. Si se complicaba cuando había un 6% mensual, imagínate ahora que es arriba del 20%. No hay cotización que aguante”, se sinceró un exfuncionario de Desarrollo Social vinculado con los movimientos sociales, y agregó que “con Carolina Stanley, estábamos mejor”.

“No es irónico lo que te digo. Ella descentralizó las compras y las “doñas” (las que arman los comedores barriales) conseguían la comida con su sistema de compras comunitarias. No se necesitaban ni licitaciones ni concursos de precios. No sé por qué no siguen con ese proceso, que es como quiere Milei, sin la intervención del Estado y es mucho más directo. Hoy están licuando el guiso que ya está licuado. No sé cuánto tiempo más aguantarán sin hacer expresiones callejeras peligrosas”, relató la misma fuente. Por Alejandro Cancelarre. MDZ