miércoles 12 de junio de 2024 11:52:14

EL VACIO DETRÁS DE LA CAÍDA DE INSAURRALDE Y LA PROYECCIÓN DE LOS INTENDENTES DEL CONURBANO

El terremoto de Marbella recién comienza para el peronismo bonaerense y sus réplicas prometen extenderse sin un punto de culminación claro. Con el ex jefe de gabinete de la provincia imputado en una causa por lavado de dinero tras el conocimiento de sus lujosas vacaciones junto a la modelo Sofía Clerici, el impacto electoral que el escándalo tendrá para Unión por la Patria es aún una incógnita, y no se descarta que reaparezca más cerca de las urnas con más imágenes de las que se conocieron el sábado pasado. En ese contexto, y con la incertidumbre de si el caso terminará afectando a la reelección de Kicillof, otro de los efectos de la caída de Insaurralde va más a largo plazo pero es de esperarse que empiece a generar nuevos movimientos en la tropa intendentista.

Insaurralde es, hace años, jefe de una de las tendencias del peronismo provincial. Lomas de Zamora es un histórico polo de poder en la provincia, y allí acudió Máximo Kirchner cuando buscó pisar fuerte en suelo bonaerense para llegar a la presidencia del PJ. De ese poder, de ese respaldo de una fracción de intendentes y de esa articulación con el líder de La Cámpora emergió como el jefe de gabinete que reemplazó a la mano derecha del gobernador, Carlos Bianco, tras la derrota en las PASO del 2021 con el mandato de “abrir” más el gobierno provincial a las exigencias que brotaban desde los territorios. Desde esa plataforma se postuló, tácita pero indiscutidamente por parte de sus pares, como el reemplazante natural en la candidatura a la gobernación si Kicillof pegaba el salto a la nación que parte del kirchnerismo le reclamaba.

Cerrada esa opción, peleó incluso por la candidatura a vicegobernador, que lo hubiera colocado también al frente de la Cámara de Senadores de la provincia, como al frente de Diputados se encuentra hoy su sucesor en Lomas, Federico Otermín. Esa puja por tamaño control del poder provincial lo enfrentó directamente con el otro gran polo bonaerense, basado en La Matanza y que conservó con Verónica Magario esa posición clave en la fórmula con Kicillof. Toda esa acumulación de posiciones y poder, y su eventual proyección hacia el control total de la provincia, es lo que deja vacante la caída de Insaurralde y lo que ya genera reflexiones como la que deslizan a Diagonales desde una importante intendencia del conurbano: “a nosotros esto nos viene bien para nuestro sueño de la gobernación”.

El mapa bonaerense sufrirá, inevitablemente, un importante reseteo. Si Kicillof es reelecto, será un candidato natural del cristinismo para la presidencia en 2027 y no podrá ir por un tercer mandato consecutivo en la PBA. Si UP pierde la provincia, el cimbronazo será aún más profundo. Sea como sea, el turno electoral dentro de cuatro años parece haber perdido a su postulante más fuerte para el Sillón de Dardo Rocha y habrá que comenzar a mirar los movimientos de quienes pueden aspirar a esa instancia como una oportunidad.

EL “CORAZÓN DE LA PROVINCIA”

La Matanza, se dijo, es la otra gran fuente de la que mana el poder en el peronismo provincial, fundamentalmente a partir de su caudal de votos. A su vez, mientras Insaurralde aspiraba a suceder a Kicillof en articulación con Máximo Kirchner, Fernando Espinoza trabajó la alianza con el gobernador de quien hoy se encuentra cerca. La defensa de Kicillof de la candidatura de Magario como vice fue una muestra. Espinoza ya intentó ir por la gobernación en 2015, pero terminó finalmente ubicándose como segundo en la fórmula que encabezó Julián Domínguez y que perdió las PASO ese año con boleta de Aníbal Fernández y Martín Sbbatella.

En La Matanza Massa sacó el 30% de los votos, y sumado a los de Juan Grabois UP llegó al 39,45%. Por su parte, Kicillof obtuvo el 43,5% mientras que para la categoría de intendente el peronismo sumó el 45,05%. Elevar esos resultados, sobre todo para presidente y gobernador, es un objetivo estratégico para UP y de conseguirse posicionaría con fuerza a Espinoza de cara a la nueva etapa en la provincia.

PRIMERA SECCIÓN

Otro de los hombres fuertes del peronismo provincial que supo reinventarse y volver a posicionarse es Gabriel Katopodis. Tras ser uno de los principales apoyos de Alberto Fernández en la provincia en sus tiempos de disputa con el kirchnerismo, el ministro de Obras Públicas volvió a acercarse a CFK y hasta se ganó sus elogios en público como uno de los “funcionarios que sí funcionan”. Su buena gestión representa uno de los motores económicos y políticos del Gobierno, y eso lo depositó en el centro de la campaña. Hoy Katopodis es uno de los principales voceros y protagonistas de UP en la disputa electoral.

Se lo vio, por caso, promoviendo un paro con discusión política de los trabajadores de la obra pública, y recientemente se conoció un video en el que el dirigente de San Martín arengó a la comitiva de UP en la previa del primer debate presidencial, con el propio Massa como testigo y toda la dirigencia escuchándolo como a un director técnico. Su centralidad está a la vista y seguramente lo coloque con una jerarquía importante a la hora de la sucesión provincial.

Otro elemento a favor de Katopodis es su fortaleza e importancia en la Primera Sección electoral, un territorio donde el peronismo siempre fue fuerte pero viene mostrando un cierto retroceso. Su sucesor en San Martín, Fernando Moreira, ganó cómodamente la interna en el distrito y se encamina retenerlo. No es la misma situación en la que están otros jefes comunales de la primera. Un ejemplo es Gustavo Menéndez, quien en Merlo ganó con el 31,6% de los votos, a 8 puntos de Eduardo Varela, de La Libertad Avanza. El problema para “el Tano” es qué pasará con los casi 11 puntos que obtuvo el histórico Barón del conurbano, Raúl Othacehe, de quien se especula que pueda acordar con los libertarios en una revancha contra quien lo destronara en su distrito en 2

Hurlingham es otro de los distritos donde un importante jugador del peronismo bonaerense sufrió una estruendosa derrota que lo saca de la discusión en el mediano plazo provincial. Juan Zabaleta, otra de las patas bonaerenses en las que buscó apoyarse Alberto Fernández, sacó un 25% en agosto pero perdió por dos puntos y medio con el candidato camporista, Damián Selci. Tras una interna de años entre La Cámpora y Zabaleta en el distrito, algunos especulan que el jefe comunal en retirada lejos estará de hacer todos los esfuerzos para que Selci se convierta en su sucesor. Lucas Delfino, triunfador de la interna de JxC, si logra fidelizar el 25% obtenido en total por el frente opositor quedaría a dos puntos de lo que sacó Selci individualmente, y allí el 25% de Zabaleta puede inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

Quien también salió fortalecido de las PASO en la Primera es Leonardo Nardini. El actual ministro de Infraestructura de la provincia arañó el 50% y se encamina a su tercer mandato consecutivo en Malvinas Argentinas. En 2015 destronó a un histórico como Jesús Cariglino, en 2019 alcanzó el 68% de los sufragios, y desde 2021 se hizo cargo de un área clave en la provincia como infraestructura, donde dinamizó la llegada de fondos a los municipios, algo que había sido muy cuestionado durante los primeros años del gobierno provincial.

Con esa plataforma para trazar articulaciones en toda la provincia, el respaldo de tres elecciones consecutivas en las que no bajó del 45% de los votos y tan sólo 43 años de edad, Nardini es una figura de fuerte proyección dentro de la estructura del peronismo bonaerense. Particularmente de la Primera Sección electoral, donde aparece junto a Katopodis como los principales referentes de cara a la nueva etapa que comenzará el 10 de diciembre.

Federico Achával es otro de los jóvenes intendentes que se consolidó en las PASO y muestra proyección hacia adelante. También de 43 años de edad como Nardini, el intendente de Pilar obtuvo el 51,5% en su distrito y les sacó casi 30 puntos a sus competidores de LLA y JxC.

Hay otros dos nombres importantes en la Primera Sección, teniendo en cuenta no solo sus performance locales, sino también su cercanía con Sergio Massa. Uno de ellos es Ariel Sujarchuk, quien también va por su tercer mandato en Escobar, donde en las PASO alcanzó el 46,3%. Sujarchuk pasó por numerosos lugares de función pública, el último de ellos la Secretaría de Economía del Conocimiento, cargo para el que lo designó el propio Massa cuando asumió en Economía.

El otro jefe comunal de gran relación con el candidato presidencial de UP es Juan Andreotti. Actual intendente de San Fernando, revalidó sus pergaminos en agosto obteniendo el 53,4%. Andreotti se ganó además un lugar en el equipo de campaña de UP, y desembarcó recientemente en el búnker de la calle Mitre junto a la tropa de Malena Galmarini. Sin ir más lejos, el joven 41 años fue uno de los pocos acompañantes de Massa en la camioneta que lo llevó hasta Santiago del Estero para el primer debate presidencial, marcando la confianza y la proyección que el Frente Renovador deposita en su dirigente. Si Massa llega a la Rosada es de esperarse que el crecimiento de Andreotti se proyecte.

TERCERA SECCIÓN Y AL SUR

Al sur del conurbano también aparecen importantes referencias para el tiempo que se viene. Dos de ellas hay que buscarlas en nuevo eje de articulación con Kicillof, que algunos intendentes y figuras no alineadas con La Cámpora  vienen construyendo y que se plasmó en el acto de Ensenada con el que se relanzó la campaña bonaerense. Allí hay que mencionar fundamentalmente a Mario Secco y a Jorge Ferraresi.

El jefe comunal de Ensenada fue uno de los principales impulsores del Operativo Clamor por CFK, que comandó junto Andrés “el cuervo” Larroque, y oficia de local para la Mesa de Ensenada en la que se coordinan muchos aspectos de la campaña bonaerense. Allí movilizó el movimiento obrero de la provincia en un acto de banca a Kicillof, allí se organizó el de relanzamiento del pasado 27 de septiembre. Secco lleva cinco mandatos consecutivos al frente del distrito, y su buena sintonía con Kicillof, a quien respaldó cuando desde otros sectores buscaban empujarlo a la candidatura presidencial, hace suponer que si el gobernador es reelecto su papel en los próximos años será relevante para la gestión bonaerense.

Ferraresi es un peso pesado en términos políticos en el peronismo provincial, con tres elecciones sobre el lomo en las que sacó entre el 50% y el 60% de los votos. Su buena sintonía con el kirchnerismo se reflejó en su lugar de vicepresidente del Instituto Patria. Hoy por hoy, es un aliado de Kicillof tiene en la Tercera Sección electoral, y su relevancia política lo ha llevado incluso a ser una ficha que colocar en lugares calientes para el Gobierno nacional, como el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat en lo que fue el primer recambio ministerial del Frente de Todos, o la intervención de Edesur luego de los cortes masivos de principios de este año.

El intendente de Avellaneda cuenta también con el aval de una buena gestión en su territorio y un importante caudal de votos propios, algo que siempre se mide como un diferencial en el peronismo. Recientemente el propio Massa lo mencionó como “uno de los mejores intendentes del país”, en el lanzamiento de Avellaneda como posible sede del Mundial 2030.Tanto en un nuevo mandato de Kicillof como en una eventual presidencia de Massa, o incluso si el peronismo es derrotado y empujado a una renovación forzada, es esperable que Ferraresi emerja como una figura de importancia.

La Cámpora también tiene lo suyo en el sur del Conurbano bonaerense con Mayra Mendoza. La dirigente, que recuperó un municipio de enorme peso electoral como Quilmes para el peronismo, se anota también los porotos de haber remontado una diferencia de siete puntos entre las PASO y las generales del 2021, y de haber ganado por seis en agosto alcanzando el 40,5%. De consolidar esa victoria en octubre, Mendoza será otra de las figuras a seguir en los próximos años.

Serán en ese caso, junto a Mariel Fernández, las dos mujeres del peronismo provincial que puedan contar en sus espaldas sendos triunfos electorales y una importante cantidad de votos propios, con una diferencia importante entre ambas: el apalancamiento de La Cámpora para la intendenta de Quilmes tiene otro peso específico del que pueda ejercer el Movimiento Evita para con la jefa comunal de Moreno, siempre pensando en la renovación de la estructura provincial.

El escándalo de Insaurralde en Marbella prefigura una nueva etapa en el peronismo de la provincia de Buenos Aires. Con la parada decisiva del 22 de octubre, que develará el futuro de Axel Kicillof, ya sea con el gobernador reelecto o no comenzará de todas formas una carrera por la sucesión. En la línea de largada estarán varios de los actuales jefes comunales y referentes destacados de la provincia, con pergaminos acumulados y votos propios para poner sobre la mesa de discusión. Distintos ejes y articulaciones se irán configurando en ese trama, que hoy por hoy pende de la incertidumbre del resultado de las urnas en las generales. Lo concreto es que, si una renovación del peronismo venía ganando terreno tras los golpazos electorales de 2021 y 2023, la caída de quien aparecía como la figura natural para encabezar la provincia cuando terminara el turno de Kicillof no hará más que dinamizar y acelerar ese proceso.Fte. D