martes 6 de diciembre de 2022 17:01:10

PERGAMINO: Una ola de inseguridad azota a esta localidad de la Provincia

«Lo que pasa en Buenos Aires ya llegó acá», dice Juan Ledesma, un mozo de Mamma mía, un restaurante situado sobre la Avenida de Mayo, en el centro de la ciudad, ubicada a 220 kilómetros de la Capital. El, como casi todos los vecinos, expresa una mezcla de preocupación y temor.

«Antes -agrega el mozo-, veíamos los robos y crímenes por TV. Hoy, Pergamino está conmocionado por el homicidio de Rubén Avendaño. Lo conocían todos.» Anteayer, tres ladrones asesinaron a tiros al orfebre de 81 años, padre de Horacio, el saxofonista del grupo Los Pericos.

El crimen ocurrido en la casa y taller del artesano , en el macrocentro de la ciudad, sacó a la luz un fenómeno que ya se ha repetido en otras ciudades del interior bonaerense como Cañuelas, Chivilcoy, Baradero y Necochea: el aumento de la inseguridad. Entraderas, robos a mano armada seguidos de muerte, y asaltos en campos y en estancias rurales son algunos de los delitos denunciados por los vecinos de estas localidades y que fueron reflejados en LA NACION en las últimas semanas.

Pero lo que genera más temor entre los lugareños, a pesar de la seguidilla de robos a la que se están «acostumbrando», es el nivel de violencia registrado durante estos hechos. El crimen de Avendaño revivió el recuerdo de lo ocurrido con los hermanos Marcelo y Leonardo Massa, en su supermercado de Cañuelas, en julio pasado. Es que, según se pudo determinar a partir de la declaración de testigos, lo primero que hicieron los tres delincuentes que ingresaron en la casa del joyero de Pergamino fue abrir fuego contra Elsa Raymundo, su mujer, de 80 años.

«Una mujer tocó a la puerta, dijo que iba a comprar joyas y Elsa abrió. Antes de ingresar, la mujer dio un paso atrás y dejó pasar a un hombre que empujó a Elsa y, sin mediar palabra, le dio un tiro en el estómago», contó un familiar de las víctimas.

Al ver a su esposa en peligro, el orfebre no tardó en reaccionar. Sacó de su escritorio su arma y disparó contra uno de los delincuentes, que murió en el acto. Pero él recibió tres balazos: uno en el abdomen, otro en el pecho y uno en el pulmón derecho. Avendaño falleció al llegar al Hospital San José, de Pergamino, donde todavía se encontraba internada su mujer, ya fuera de peligro.

El hecho ocurrió anteayer a las 18.15. «Escuché como siete disparos, y cuando miré por la ventana vi a un hombre y una mujer salir corriendo. Otro vecino los vio subir a un auto que los esperaba y en el que escaparon», dijo Martín, un vecino.

Anteanoche, cerca de las 23, la policía dio con un automóvil Peugeot 307 blanco, que sería de los delincuentes. Tras una persecución que duró seis cuadras, el único hombre que ocupaba el vehículo detuvo la marcha y se entregó.

Fuentes judiciales informaron a LA NACION que el detenido fue identificado como Rodrigo Ferreyra, de 28 años. El sospechoso es el hermano del delincuente abatido por el joyero: Víctor Ferreyra, de 32. Ambos con domicilio en Rosario.

La policía secuestró tres armas: un revólver calibre 38, un Magnum 357 y una pistola Colt 11.25, esta última pertenecería a la víctima.

Los investigadores aún tratan de dar con dos prófugos. Uno de ellos sería la mujer que ingresó en la vivienda junto a los hermanos Ferreyra. Anteayer, la pareja de Víctor Ferreyra fue demorada tras hacerse presente en el hospital de Pergamino en busca del hombre, que pensó que se encontraba herido. Después, la policía comprobó que no tenía relación en el episodio que terminó con la vida de Avendaño.

Hace un año, dos delincuentes habían ingresado por el patio en la casa de Avendaño, lo maniataron junto a su mujer e intentaron robarle las joyas que exhibía en una vitrina dentro de una habitación. Tras el grito de los vecinos que escucharon los ruidos, los ladrones escaparon, pero antes de abandonar el lugar le juraron «vamos a volver».Fte.lanacion

 

 

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