Publicación: 3/10/2017

FINALIZADAS LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS SE VIENE LA BATALLA POR LA RENOVACIÓN DEL PERONISMO BONAERENSE

a mediados de diciembre se deberían renovar las autoridades del PJ bonaerense, hoy virtualmente en manos de Florencio Randazzo para inyectarle fondos a su campaña. El potencial responde a que si bien ese día vence el mandato del matancero Fernando Espinoza, la cúpula partidaria ya comenzó a elaborar la hipótesis de postergar la pelea hasta cicatrizar las heridas legislativas, al menos hasta marzo del año que viene.

El ex intendente de La Matanza se autoconsagró presidente del PJ provincial el 15 de diciembre de 2013, al obtener 400 mil votos (un 20% del padrón de afiliados). Era el único competidor luego de la impugnación (su karma) de Mario Ishii, mandamás de José C. Paz. Con una Justicia hoy menos afín a los atajos que supo idear el ex apoderado Jorge Landau, un especialista en sortear laberintos jurídicos, ya hay quienes advierten que es poco probable posponer ni siquiera unos meses el debate partidario. Como antecendente recuerdan que si bien la jueza María Servini de Cubría (otrora atenta a los mandados peronistas) avaló en 2016 la prórroga del PJ nacional, la Cámara Nacional Electoral revocó el fallo al insistir con el cronograma que consagró, luego, al sanjuanino José Luis Gioja.

Atendiendo a la nueva realidad, por lo bajo ya que en público queda mal en plena contienda legislativa, ya comenzaron los auto-operativos clamor entre los pesos pesados y medianos pejotistas para reemplazar a Espinoza. Jubilado, el ex presidente Eduardo Duhalde, fue el primero en apuntarse públicamente. Tendrá la espina de su frustrado sueño de recuperar el PJ nacional al naufragar una polémica interna con los puntanos Rodríguez Saá.

Descartada la opción duhaldista modelo 2002, tras el estallido, la Guerra de Sucesión abre otras variantes. La primera de ellas, cuentan en el PJ, es la “continuista”: la reelección de Espinoza. Su futuro depende de la victoria o la derrota de Cristina Fernández de Kirchner, a quien el matancero no sólo respaldó en su aventura de borrar el PJ bonaerense de su frente sino que va de tercer candidato a diputado por UC.

Una variante (la “continuidad con cambios”, viejo slogan sciolista) sería propulsar a Verónica Magario, su alterego en el municipio de La Matanza. La intendenta ya logró expulsar a Cambiemos de la FAM (Federación Argentina de Municipio).

 En la inevitable búsqueda de unidad post-electoral, con llamados para regresar al redil al massismo y al randazzismo, asoman otros postulantes que pueden borrar de su CV el kirchnerismo de ser necesario. Tiene experiencia: lo hicieron el año pasado. Uno es el lomense Martín Insaurralde (también de la tercera sección, la más populosa y peronista). Detrás también negocia con el extinto Grupo Esmeralda el diputado prematuro rupturista Diego Bossio.

Con el descaro propio de los recién llegados, intendentes promediando su primer mandato se autoproclaman en las sobremesas: Gustavo Menéndez (Merlo) y Walter Festa (Moreno), ambos ex Fénix, ambos de la Primera. El que pierde acompaña, dice el manual peronista. Pocos quieren hoy acompañar.Fte. textual Cronista

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